Papá
Te creí perfecto y me decepcioné al ver que, detrás de esa neblina de magia, solo había un hombre, con la espalda rota por los golpes de la vida.
A veces quisiera que todo sea como antes, como cuando tenía cinco años y te veía de una forma más inocente. No porque ahora seas malo, ni una mala persona. Sino que para mi, eras perfecto. La persona más sabia del mundo, jamás te equivocabas y tenías todas las respuestas. Te tenia en un gran pedestal qué se fue deteriorando a medida que esa inocencia desaparecía. Te creí perfecto y me decepcioné al ver que, detrás de esa neblina de magia, solo había un hombre, con la espalda rota por los golpes de la vida, con mentiras, con verdades, con manos llenas de sangre por las heridas que te abriste tratando se hacer todo lo que estuvo a tu alcance.
Tus errores eran más visibles y tus fallas me dolían, porque cada vez, era más difícil ignorarlos, era más difícil verte como solía hacerlo.
Estuve decepcionada, por mucho tiempo. Quizá lo que quería era que me trajeras de vuelva a ese hombre perfecto que nunca existió, que lo arreglaras todo, pero ya no había nada por hacer.
Tus promesas pasaron de ser sagradas a un "ya veremos" tus palabras de ser sabias a ser molestas, tus consejos a ser regaños y tus quejas a hipocresía. Pasaste de ser ese hombre que me hacía cosquillas con la barba a este hombre que a penas conozco.
Pasamos de reír juntos a llorar por la distancia que nos separa.
Pasamos de todo a... esto.
Ya no soy esa niña, ya no te veo igual. Ya no te abrazo hasta asfixiarte cada que puedo. Ya no creo ciegamente en tus promesas. Ya no soy esa niña inocente que te veía como si hubieses creado la luna. Ya no soy nada papá.
Quiero ser esa niña de nuevo, quiero que deje de doler. Si todavía te viera como ese hombre, te pediría que arreglaras esto, pero no lo eres. Eres diferente, te veo, papá. Pero diferente.
Quizá algún día, ese pedestal en el que siempre me has tenido, se termine de colapsar y esa neblina de negación qué te prohíbe ver todo lo que tus errores han hecho se se disipe y puedas realmente ver. Ahí verás a una chica, cubierta de lágrimas, llena de dolor, y con la fría verdad clavada en su pecho. No la veras a ella, esa niña ya no existirá, me veras a mi, papá. Y dolerá.
Quizá algún día te perdone, y me perdones. Te lastimé porque lo hiciste primero, y desde entonces vivimos en una lucha de navajas afiladas con la indiferencia.
Quizá algún día papá, podamos vernos realmente.


me proyecté